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María Rosa Velázquez, Santiago Tupataro, Michoacán

María Rosa Velázquez, Santiago Tupataro, Michoacán

Nosotros tenemos la costumbre y la fe de que el día primero de noviembre llegan todas las ánimas y les ofrecemos esta ofrenda.

Aparte de las matas de maíz, pusimos elotes, flor de cempasúchil, frutas como guayabas, naranjas y plátanos, pan, dulces con formas de animalitos y angelitos, un caballito de madera cargado de frutas, refresco y unas latas de cerveza. No es que a mi mamá le gustara tomar tanto, sino de vez en cuando, entonces a ella se las presentamos.

Ayer invitamos a gente para que nos acompañara a rezar el rosario y un convivio con atole y unos tamalitos con carnita. Preparamos unos trescientos tamalitos y el atole de maíz negro que sembramos en las milpas.

Desde niña yo apoyé a mi papá a trabajar en la milpa. Todos mis hermanos le ayudábamos a hacer el surco, a sembrar y a levantar la cosecha, y mi mamá nos llevaba de comer. Nos gustaba, pero en la tarde ya sentíamos bien pesado. “¡Ay, ojalá que llueva para ya irnos a la casa!”, decíamos.

Mí mamá decía que también ella se iba con mis abuelitos a sembrar. Le decía a mi abuelito: “¡Papá, vámonos!”. Él decía: “Ya nomás que se termine el maíz que traemos”. Ellos se iban sembrando y echaban de puño grande para acabar pronto. Cuando salía la milpa, mi abuelito decía: “¡Con razón acabaron tan pronto el maíz, pues miren dónde lo tiraron!”.

En aquel tiempo todos tenían su yunta de bueyes, su carreta y se encostalaban la mazorca en costales de pita, se ponían en la carreta y la yunta los jalaba. Mi papá también tenía su yunta de bueyes. Eran bien chulos, bien grandotes y yo me subía en la carreta cuando iba sin carga.

Mi mamá se arreglaba para montarse en su caballo e irse a Pátzcuaro. Yo iba con mi papá en mancas: él adelante y yo atrás del caballo, abrazadando a mi papá. Pero ahora ya no, tene-mos transporte de carro.

Yo tengo siete hijos igual que mi mamá. También tenemos terrenos, aunque ahora se le nombra ejido. Los muchachos de nosotros que quedaron aquí trabajan poquito, pero como no hay mucho trabajo se van por allá. Ahora ya nomás tenemos uno que se encarga de trabajar.

Yo también agarro el azadón para hacerle tantito surquito, pero ahora ya no es lo mismo que antes. Ahora ya casi no hay yuntas de bueyes, ya nomás meten la máquina, sale la milpa y nomás a echarle el abono.

Sembramos todavía maíz porque es nuestro sostén para alimentarnos. De ahí comemos, pues siempre lo usamos para las tortillas. Siempre traemos unas matas de la milpa para la ofrenda el Día de las Ánimas. Las dejamos unos ocho días y ya las quitamos. Me siento contenta porque cumplí con esta ofrenda que le hago para mi mamá.

Credit: Peter Lowe/CIMMYT

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Photo taken on 3 November 2014 (© CIMMYT / Flickr)

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